La asistencia al cine ha descendido en España en ………. Millones de espectadores. Pero lo más sorprendente es que las que más han perdido han sido las producciones americanas y ha mejorado el porcentaje de espectadores que han visto cine español. Más allá de el buen augurio que este dato conlleva, hay uno que aparentemente contradictorio: nunca como ahora se ha consumido tanto cine y sin embargo, en todos lados las cifras de asistencia las salas desciende.
Las explicaciones son múltiples: el DVD, el home theater, la posibilidad de ver las películas en casa en cualquiera de sus formas y por supuesto, la piratería que castiga por igual a la industria nacional y extranjera.
En todas estas explicaciones subyace un hecho común y es la degradación de la experiencia cinematográfica como ritual colectivo.
Si la irrupción del vídeo provocó que a la gente le resultara normal hablar en el cine, la popularización de los móviles y la comida en las salas las ha transformado en una experiencia de promiscuidad colectiva. Todos se sienten como en el salón de casa pero invadidos por unos extraños que hablan por el móvil cosas que no nos interesan, comen ruidosamente, comentan con su acompañante la película -¡pero cómo no se da cuenta que le está mintiendo!-y hasta cuelgan sus bufandas de nuestros asientos. Por no hablar del señor o señora que nos pide que nos hundamos más en el asiento mientras se quita los zapatos para estar más cómodo/a.
Todo ello, unido al hecho que las salas son cada vez más pequeñas y nuestros televisores cada vez más grandes, hacen que millones de personas opten por quedarse en casa a ver una peli y a lo sumo, invitar unos amigos lo que al menos reduce las llamadas entrantes y además, los queremos.
Cualquier persona mayor de veinticinco recordará la expectación que rodeaba la entrada a la sala de cine y la excitación por lo que se avecinaba al comenzar a apagarse las luces. El sonido envolvente, la pantalla enorme en medio de la oscuridad. Y el silencio casi reverencial, propio de los rituales más entrañables. Ese silencio que los padres enseñaban a los hijos que había que respetar sopena de hacerles abandonar la sala y no ver el final de la película.
¿Significa esto el final de las salas de cine tal como las conocemos?
Seguimos siendo animales sociales y necesitamos vestirnos con algo bonito y salir a encontrarnos con otros seres humanos, al menos el sábado por la noche. Ver gente, distintos a nuestros amigos de siempre. No todo está perdido.
En USA, los exhibidores de cine está tratando de lograr bloquear las señales de los móviles en las salas. Imagino que todos estarán de acuerdo siempre que se trate de los móviles de otros. Pero ¿por qué el mío? ¿Y si tengo alguna llamada urgente?
Tal vez pretender mejorar la experiencia cinematográfica colectiva sea una entelequia y el verdadero futuro esté en que cada uno baje en su ordenador o su móvil la película que desee ver por el precio de una entrada o poco más y que ir al cine sea un lujo tan caro como ir a la ópera, con salas suntuosas de sonido envolvente y pantallas enormes donde todos guarden un silencio reverencial y donde las señales de móviles no puedan entrar.